

Por Carlos Santa
Cruz
Destino
de la prensa
Acompasarse
al gobierno o morir
La gente se va acostumbrando
a todo lo que transcurre lentamente, a aquello que sin dramatizar
va lentamente socavando su espíritu crítico, a los
cambios pausados y lentos.
Es que se torna en algo
“natural”, y como tal, no se cuestiona en absoluto.
Forma parte de lo que
nuestra mente hace por si sola, tomar aquello reiterativo como para
no ser objeto de análisis y asumirlo como inexistente.
Y quizá por ese
mismo hecho, es que no nos hemos dado cuenta de lo que está
pasando en la prensa nacional, mal que nos pese.
Recordarán
nuestros lectores que al principio de este gobierno, cuando los
índices de popularidad del Presidente eran muy superiores
a los actuales, en que encuestas internacionales lo colocan entre
un 40 al 45 % de aprobación, la prensa, que ejercía
legítimamente su labor informativa y de sana crítica
democrática, hizo surgir en la mente totalitaria del propio
presidente el calificativo de “opositora” o “amiga”,
realizando la misma dicotomía que hace ya muchísimos
años atrás realizó Joseph Goebels o en los
países del “socialismo real”, donde no era admitida
ninguna otra opinión salvo las que hacían loas al
régimen y cualquier voz discordante era inmediatamente marcada
como “enemiga” o “contrarrevolucionaria”,
mereciendo con ello no solo la repulsa del poder público,
sino sufrir las consecuencias de tal osadía.
La mayoría
de las veces, en el “régimen socialista humanista”
de la URSS significaba que se le internara en un establecimiento
psiquiátrico tal como ha quedado demostrado, a los solos
efectos de “reeducarlo” mediante electroshock, uso de
drogas antisicóticas o incluso experimentales, algo que fue
reiteradamente negado por los marxistas, llámense del Partido
Comunista del Uruguay, del Partido Socialista, e incluso de los
grupos de izquierda “revolucionaria”, descalificándolos
como “patrañas de la CIA” hasta que la caída
de esos regímenes permitió probar la veracidad de
tales afirmaciones.
Volviendo acá,
más cerca y de nuestro interés directo, nadie se ha
dado cuenta en que ha existido una moderación, una especie
de autocensura por parte de los periodistas y de la propia prensa,
cuyos ejemplos más notorios están en los canales de
televisión, que poco a poco han cerrado su ojo crítico
y abierto su cañilla de “apoyo directo” a las
acciones del gobierno.
Y dicen que esto no para
por acá, puesto que este gobierno tan “popular”
tiene medios más que suficientes para hacer de éste
un estado policíaco, dotando a la policía nacional
de los medios para hacer escuchas de celulares, control de internet
y por supuesto de correos electrónicos y todo de última
generación, teniendo para ello una oficina en el mayor de
los secretos (Bah, secreto solo para quienes no quieran saberlo,
porque allí trabajan policías y hay más de
un dirigente del gobierno que sabe muy bien de su ubicación
y lo importante de sus “servicios”…), no combatiendo
el crimen organizado, el narcotráfico o la guerrilla armada.
Sus objetivos son mucho
más claros.
Son los viejos militares
que no se resignan a ir uno tras otro a parar a la cárcel,
los grupos de “derecha” (muy peligrosos todos ellos…),
los “nostálgicos” (así gustan en llamarlos)
del régimen militar, los opositores, los periodistas contrarios
al gobierno, los medios, y otras amenazas del estilo contra la “seguridad”.
Son caros los equipamientos,
pero para eso si hubo y hay plata.
Igual que para la construcción
de más cárceles.
Y para que se apruebe
con argumentos ridículos la nueva Ley de Procedimiento Policial
que consagrará algo que constitucionalmente está prohibido:
el allanamiento nocturno, dejando librado al arbitrio de la fuerza
policial la “necesidad” de ingresar a una vivienda y
comunicárselo posteriormente al juez.
¿La excusa para
ello?
Que quienes venden pasta
base lo hacen en sus domicilios a la noche y por lo mismo no pueden
ser detenidos.
¿Por qué
decimos que es falsa y verdaderamente una tomadura de pelo tal argumentación?
Por la simple razón
que para concurrir hasta allí a comprarla o retirarse tienen
que ir por la vereda, lugar donde no se requiere nada para detener
a las personas, y basta con que se les incaute la droga, que ellos
digan donde la compraron o tener un número de detenidos que
haga presumible tal actividad para que el Juez Penal, que siempre
tiene su teléfono celular conectado mientras se encuentra
en Turno, libre una Orden de Allanamiento de esa morada que puede
ser ejecutada a la salida del sol, es decir, cerca de las 6 de la
mañana.
Nadie puede suponer que
las personas sabrán anticipadamente lo que venderán
en esa noche y que solamente traigan esa cantidad de droga a la
“boca”.
Por consiguiente a la
mañana siguiente también estará allí
la prueba de su comercio ilegal.
Y tampoco es cierto que
solamente trasladen la droga a la noche, porque en ese caso estaríamos
en la misma situación, EN LA CALLE NO HAY NECESIDAD DE ORDEN
ALGUNA DE ALLANAMIENTO Y MUY BIEN QUE SE PUEDE DETENER, REQUISAR
Y OBTENER LAS PRUEBAS CONTRA LOS NARCOTRAFICANTES.
Es más, los más
importantes operativos antinarcóticos llevados a cabo en
el último año y medio que permitieron la incautación
de volúmenes extraordinarios de drogas FUERON TODOS HECHOS
DURANTE EL DÍA.
Y no cabe duda alguna
al respecto que lo que puede tener una “boca” son gramos,
a lo sumo medio kilo, pero que lo que se consiguió incautar
a las diversas organizaciones de narcotraficantes eran cientos de
kilos de droga de máxima pureza o de cientos de “ladrillos”
de marihuana…
Pero esto, nadie se anima
a decirlo, pese a que entre los colegas es tema corriente y que
se habla de ello como de una barbaridad jurídica, sobre todo
entre los abogados “progresistas” como algún
ex Ministro de la Suprema Corte o penalistas de fuste.
¿Será que
la prensa ya aceptó mansamente sometimiento al gobierno y
sus “pautas”?
Si así fuera,
Visión Uruguay mientras pueda será la excepción,
porque creemos en la Libertad, en el Estado de Derecho y en la Libre
Expresión del Pensamiento.
Y en eso nos jugamos
por entero.
Nota
de Redacción: Esta fue la última columna escrita por
Carlos Santa Cruz, queremos creer que lo sugestivo de su título
no es más que una coincidencia.
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